Lesiones y lecciones

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Lesiones y lecciones

LOS CAMINOS DEL CONOCIMIENTO SON IMPREDECIBLES

Este post narra el proceso de recuperación de una lesión generada durante una práctica de yoga y revela cómo la mejoría surge de varias estrategias, en su mayoría sencillas pero efectivas, aplicadas en paralelo. Además, demuestra la importancia de la consciencia plena durante la práctica.

Por Marianne Blanco

Hace unas semanas, cuando terminaba de practicar mi serie de ashtanga yoga, sentí un tirón en el lado derecho de mi espalda baja que me dejó inmóvil de dolor. Cuando me puse de pie e intenté erguirme el dolor fue insoportable. Fui a casa, me puse mucho hielo. Me froté con crema de enebro, me moví lo menos posible. En la noche me metí a la tina con agua caliente y sal de Maras (Cusco), luego más hielo y frotaciones.

Al día siguiente había mejorado un poco pero caminar seguía siendo doloroso. Aún así decidí hacer temprano algunos Surya namaskar (saludos al sol, una secuencia de yoga muy popular) muy suavemente. Al moverme en esta secuencia el tirón no era más fuerte que cuando no hacía mi práctica y por eso seguí realizándola con mucho cuidado, pues era una manera de conocer mi cuerpo en una situación diferente. Solo hice dos secuencias de las que eliminé una asana (postura) que me causaba un intenso dolor: bhujangasana (la cobra). Fue una práctica en cámara recontralenta, que me obligó a tener atención plena, es decir de ser consciente de cada movimiento milimétrico que hacía con mi cuerpo y mi mente, incluido todo el proceso de mi respiración.

Al día siguiente hice una práctica de una hora llevando a cabo una secuencia recomendada por el maestro B.K.S Iyengar para dolores y problemas dorsales en su increíble libro “Luz sobre el yoga”. Igual que el día anterior, me moví en cámara hiperlenta, fui muy minuciosa, cuidadosa y logré una práctica plena. Lo curioso fue que me sentí más elástica y logré sutilezas que pocas veces había alcanzado! Fue un descubrimiento maravilloso! Todavía estaba un poco adolorida, sin embargo esta manera de enfrentar el dolor fue reveladora pues permitió acelerar mi recuperación. Ese día visité a mi amiga Nathalie Roche, quien hace prácticas de Healing Touch, y me hizo una pequeña sesión mientras conversábamos. Ella me hizo recordar lo que Louise Hay explica en su maravilloso libro “Usted puede sanar su vida”: los dolores, que se presentan en diferentes partes de nuestro cuerpo, revelan necesidades y/o miedos diferentes, a  los que deberíamos poner atención pues tienen mensajes que darnos. La espalda -afirma Hay- representa el apoyo de la vida y el dolor en cada zona de esta (alta, media y baja) tiene una razón. Al llegar a casa tomé mi libro de Hay y puse en práctica sus consejos y sobre todo sus afirmaciones positivas.  Otro de los pasos importantes en mi recuperación fue visitar a mi quitopráctico. Me diagnosticó una contracción del ilíaco, o iliopsoas, un músculo profundo que, junto con el glúteo es el responsable del movimiento de flexión de la cadera además de otros. Sus ajustes me aliviaron mucho así como el ejercicio de estiramiento que me recomendó.

Con esta experiencia una vez más comprobé que para lograr la mejoría de una lesión,  enfermedad o sufrimiento de cualquier índole hay que abordarlo con amor desde varios frentes a la vez, pues somos seres holísticos (cuerpo, mente, emociones, y más).

Analizando las prácticas que realicé el día que sufrí la lesión me di cuenta de que no había estado usando correctamente las bandhas (palabra en sánscrito que se traduce como “candados” o “cerraduras”). Los bandhas se usan para concentrar nuestra energía y, entre otras cosas, para proteger nuestro cuerpo de lesiones, como en la zona lumbar. No usar las bandhas correctamente denotaba que no estaba plenamente consciente de mis movimientos durante mi práctica, que no era una práctica de adentro hacia afuera si no mas bien epidérmica, superficial. Las prácticas en cámara lenta que hice para lograr mi  mejoría me trajeron al presente las palabras de Nora Maniak, mi primera maestra de yoga: “para ser consciente de lo que pasa dentro de  nosotros y para que el cuerpo aprenda maneras diferentes de moverse hay que ir muy despacio”. Obviamente hay prácticas más dinámicas que otras en las que aceleramos el ritmo, pero aún en estas deberíamos ser plenamente conscientes de cada paso que damos. Otra cosa que digerí con esta experiencia fue algo que leemos en los libros escritos por maestros de yoga, y que repiten los profesores sabios: el yoga no es hacer posturas perfectas (no existen las posturas perfectas, sí las posturas correctas). El yoga es ser conscientes de lo que hacemos con nuestro cuerpo, respetándolo y aceptándolo como es en el aquí y el ahora; hacer yoga es ser conscientes de nuestra respiración y sincronizarla con nuestros movimientos.

Justamente por eso TODOS PODEMOS HACER YOGA. Las alucinantes posturas que hacen l@s súper yoguis y yoguinis que solemos ver en los libros, en los programas de tele y en la web tienen sus buenas razones para ser practicadas, pero no son el objetivo más importante. Yoga es unión de mente, cuerpo y espíritu: a través del control del cuerpo y de la respiración apagamos la bulla mental para conectarnos con nuestro verdadero YO, nuestra consciencia. La práctica de yoga nos permite esa conexión y eso lo podemos lograr todos. Eso sí recuerda: no es mágico! Demanda esfuerzo, constancia y perseverancia de nuestra parte, pero los frutos valen la pena!

Namasté

 

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